Te voy a hacer una pregunta incómoda.
Sin un favor. Sin una urgencia. Sin una razón concreta.
Solo para escuchar su voz.
Vivimos tan ocupados que hemos convertido las conversaciones en tareas. Llamamos cuando hay algo que resolver. Respondemos cuando tenemos un hueco. Y vamos dejando para mañana las personas que más nos importan.
Como si fueran a estar ahí para siempre.
Yo también lo hice. Y si soy sincero, creo que casi todos lo hacemos.
Pensamos que habrá otro fin de semana. Otra comida. Otra llamada. Otra oportunidad para decir lo que no dijimos.
Hasta que un día entiendes algo.
¿Y si no fuera para siempre?
Haz el ejercicio por un momento. Imagina que la última conversación que tuviste con esa persona hubiera sido realmente la última.
¿La recordarías con tranquilidad? ¿O hay algo que te gustaría haber dicho?
Porque la verdad incómoda es esta:
El gesto de esta semana:
No quiero que cambies tu vida. Solo quiero que hagas una llamada. Una. A esa persona que hace tiempo que no escuchas.
Sin motivo. Sin agenda. Sin prisas. Solo para estar.
Y antes de cerrar, respóndeme: ¿a quién deberías llamar hoy?
Nos leemos en 15 días.
Un abrazo desde Asturias,
Cruz
P.D: Un día entenderás que las personas más importantes de tu vida nunca necesitaron grandes cosas de ti. Solo que estuvieras presente.