Te voy a contar algo que me pasó hace unos días.
Estaba caminando por un bosque.
Iba contemplando la naturaleza, intentando escuchar lo que tenía que decirme. Sin prisas. Sin pensar en llegar a ningún sitio. Solo caminando.
Hasta que un árbol hizo que me detuviera.
Me acerqué. Pasé la mano por su tronco. Y pensé en algo que nunca me había planteado.
Cada anillo que aparece en su tronco cuenta una historia. Un invierno. Una sequía. Una primavera.
Pero, sobre todo, un año en el que siguieron creciendo.
Entonces pensé en nosotros.
También cumplimos años. Los celebramos.
Pero cumplir años no siempre significa haber crecido.
Hay personas que llegan a los cincuenta con la misma forma de pensar que tenían a los veinte.
Otras llegan a los setenta acumulando experiencias, pero sin haber aprendido de ellas.
Y también existen personas que, después de un solo año difícil, cambian para siempre.
Depende de lo que haces con aquello que te ocurre."
Y ahora te hago la pregunta incómoda:
Si tu vida dejara un anillo por cada año… ¿contaría una historia de crecimiento… o solo el paso del tiempo?
El ejercicio de esta semana:
No escribas tu edad. Escribe los cinco momentos que más te hicieron crecer.
No los más felices. No los más importantes.
Los que cambiaron tu manera de ver la vida. Los que te obligaron a hacerte preguntas. Los que dejaron una huella en ti.
Quizá descubras que no fueron los años los que te transformaron. Fueron las experiencias que decidiste no desperdiciar.
Nos leemos dentro de quince días.
Un abrazo desde Asturias,
Cruz
P.D: Nadie te va a preguntar cuántos años cumpliste. Al final, lo único que quedará es en quién te convertiste mientras los cumplías.