Hay cosas que nos pasan una vez... y que terminamos llevando durante años.
Una culpa. Un error. Una herida.
Una historia que terminó, pero que seguimos contando.
Al principio sabemos que las llevamos.
Después nos acostumbramos a su peso.
Y un día ocurre algo más difícil de reconocer:
Una culpa puede convertirse en identidad.
Un error puede convertirse en una explicación permanente.
Una herida puede convertirse en una forma de relacionarte.
Y una historia que terminó puede seguir tomando decisiones por ti.
Entonces quizá la pregunta no sea: ¿qué necesitas soltar?
Sino algo mucho más incómodo:
Porque quizá algunas cosas no necesitan seguir viajando contigo.
No porque nunca hayan importado.
Sino porque ya no deberían decidir quién eres.
Y ahora te hago la pregunta incómoda:
¿Qué hay dentro de tu maleta que quizá llevas tanto tiempo contigo... que ya has empezado a llamarlo "yo"?
El ejercicio de esta semana:
Esta semana no te voy a pedir que sueltes nada todavía. Solo te voy a pedir que abras la maleta y mires qué llevas dentro.
Escribe tres frases que usas para describirte: "es que yo soy así", "es que a mí me cuesta confiar", "es que yo ya sé cómo termina esto".
Frente a cada una, pregúntate: ¿esto lo llevo en la maleta, o ya lo estoy llamando "yo"?
No hace falta descargar nada hoy. Solo dejar de confundir lo que cargas... con quien eres.
Nos leemos dentro de quince días.
Un abrazo desde Asturias,
Cruz
P.D: No naciste cargando esa culpa, ese error o esa herida. Los guardaste en la maleta un día. Y lo que se guarda... también se puede sacar.
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